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El infinito: ¿hay que creer en él?

Si bien es a Georg Cantor a quien se debe, a finales del siglo xix, haber convertido definitivamente al infinito en una rama de las matemáticas en lugar de la teología o la filosofía, el «paraíso» así ofrecido fue el resultado de dos milenios de indecisiones, idas y venidas y controversias sobre un fondo de paradojas. Zenón había presentado las contradicciones emboscadas. Aristóteles había establecido un compromiso razonable. Las reflexiones se afinaban sobre lo infinitamente pequeño hasta dar origen al cálculo diferencial… Hoy, el infinito ha triuncado tanto que es ahora a partir de él que se define lo finito, en un extraordinario reversed que se debe a Bolzano y a Dedekind.

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