En Francia, algunos lingüistas e historiadores lamentan públicamente la decisión. Una parte de la prensa italiana se indigna y emplea expresiones a veces violentas: «plaga de lo políticamente correcto», «catástrofe cultural»…
Pero, como señala la periodista Anaïs Kien en France Culture: «Todo este revuelo no es más que una gran superchería exagerada hasta el absurdo.» En efecto, solo ciento setenta textos, de los más de tres mil de todo el museo, se ven afectados por esta supresión de los números romanos: las cartelas que conforman el nuevo «dispositivo de accesibilidad universal» del Carnavalet, destinado principalmente al público extranjero y a los visitantes con discapacidad. En suma, una gota de agua en el océano. Pero la magnitud de sus repercusiones revela la polarización del debate entre los defensores de las tradiciones culturales y quienes promueven una mediación que prioriza la accesibilidad para el gran público.