A primera vista, no parece evidente encontrar puntos en común entre las matemáticas y el cómic. Algunos pensarán quizá en la geometría de ciertas planchas, de composición más o menos audaz, de Edgard Félix Pierre Jacobs, alias Edgar P. Jacobs (1904–1987), creador de la serie «Blake y Mortimer» (Le Lombard y después Blake et Mortimer), o también de Philippe Druillet (nacido en 1944), padre de la trilogía «Salammbô» (Dargaud). Otros recordarán algunos personajes de Astérix con nombres evocadores, como el estúpido Aplusbégalix, adversario de Abraracourcix en Le Combat des chefs (Dargaud, 1966), el vil Quatrédeusix, dispuesto a traicionar a los célebres galos en Le Tour de Gaule (Dargaud, 1965), el agente doble Zérozérosix en L’Odyssée d’Astérix (Albert René, 1981) o Anglaigus, el arquitecto de Domaine des dieux (Dargaud, 1971). Los padres de Astérix, René Goscinny (1926–1977) y Alberto Aleandro Uderzo, alias Albert Uderzo (1927–2020), nunca andaban faltos de buenos juegos de palabras. Algunos conservarán largo tiempo un emocionado recuerdo de Claudia Chiffre, la profesora de cálculo del Pequeño Spirou (Dupuis), de curvas muy sugerentes. Uno de los dibujantes franceses más destacados del 20.º siglo incluso tomó uno de sus seudónimos de un matemático. Se trata de Jean Giraud (1938–2012), el dibujante de Blueberry, que obtuvo reconocimiento internacional por su obra de ciencia ficción firmada con el nombre de Moebius, en un guiño a August Möbius (1790–1868), el «descubridor» de la célebre cinta de una sola cara.
Más allá de estas relaciones más o menos anecdóticas, lo que llama la atención en estos dos ámbitos, el cómic y las matemáticas, es su universalidad. Los habituales de la revista Tangente ya saben hasta qué punto las matemáticas irrigan las ciencias y muchos otros campos del conocimiento. El cómic, asociado durante mucho tiempo a un simple entretenimiento infantil, aborda hoy absolutamente todos los temas, en forma narrativa o documental. Por último, ambos ámbitos comparten, por su modo de expresión, cierta capacidad para atravesar fronteras.
Cómics para hablar de matemáticas ----------------------------
La forma más sencilla de tender un puente entre las matemáticas y el cómic es, sin duda, considerar los álbumes dedicados a las matemáticas. Hay varios títulos que proponen cursos en formato de cómic, e incluso un curso de álgebra lineal en forma de manga. Las Éditions du Kangourou incluyen asimismo en su catálogo Les Aventures d’Epsilon et Maëlis (dos tomos, 2012), dos personajes creados por Nicolas Clément que emprenden un viaje matemático a través del tiempo y el espacio.
De un nivel de lectura más exigente, pero absolutamente apasionante, la imprescindible novela gráfica Logicomix (Vuibert, 2008) nos sumerge en el corazón de la vida del lógico Bertrand Arthur William Russell (1872–1970). Con guion en parte de Apóstolos Doxiádis (nacido en 1953), conocido también por ser el autor de la novela Oncle Petros et la Conjecture de Goldbach (Points, 2002), esta obra de más de trescientas cincuenta páginas permite seguir la búsqueda de los fundamentos de las matemáticas desde finales del 19.º siglo hasta mediados del 20.º, al tiempo que escenifica los debates e interrogantes de sus propios autores.