El mundo del arte está jalonado de movimientos a veces efímeros. La corriente del arte concreto puede desconcertar por la diversidad de sus enfoques y la aparente falta de unidad en el planteamiento adoptado por los artistas.
Sin embargo, una lectura matemática puede ayudar a hacer aflorar esa unidad y a explicar el carácter «concreto» de las obras. Para ilustrarlo, tomemos el caso de Denise Demaret-Pranville, artista plástica bien conocida por los lectores de Tangente, y del artista plástico belga Philippe Leblanc (sus sitios web se encontrarán fácilmente en Internet añadiendo la palabra «arte» a sus nombres). La obra Chinacci 25 de Philippe Leblanc, cuyo propio título encierra un misterio, nos servirá de guía.
De China a las Américas
Al leer el cuadro Chinacci 25 (junto a estas líneas) columna a columna, al matemático le sorprende la regularidad de los primeros términos: 1, 1, 2, 3, 5. Cada número es la suma de los dos anteriores. El siguiente puede interpretarse fácilmente como un 8. En efecto, la obra utiliza un sistema de escritura de los números inventado en China algunos siglos antes de nuestra era. Por entonces, los chinos contaban con varillas y no con ábacos, como hicieron más tarde. Idearon así una manera de escribir los números. Para ello utilizaban dos notaciones que alternaban para evitar confusiones entre unidades, decenas, centenas…