El gusto por compartir
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En el pequeño mundo de los embajadores de la cultura matemática, era una leyenda por derecho propio. Jean Brette (1946–2017), mediador científico incomparable, acaba de dejarnos.
¿Cuántos son esos alumnos a los que Jean dedicó sin escatimar tiempo y energía? En las escuelas, en la célebre sala Π del Palais de la découverte, donde trabajó de 1964 a 2004, son decenas de miles los que pudieron descubrir una faceta distinta, no escolar, de las matemáticas. Apasionante y apasionado, despertó numerosas vocaciones.
Jean Brette se interesaba por todas las ramas de las matemáticas, en todas sus formas. Siempre al tanto de los últimos avances, no dudaba en fabricar él mismo objetos geométricos, recortando gomas y componiendo artilugios con trozos de cartón. Su cultura y su gusto por compartir lo llevaban naturalmente a hablar largo y tendido de matemáticas con todos aquellos con quienes se cruzaba.
Descubrir las matemáticas… de otro modo
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Jean Brette entró en el Palais de la découverte a los 18 años, antes de haber podido recibir una sólida formación científica, y fue ascendiendo pacientemente todos los peldaños hasta acabar al frente del departamento de matemáticas de esta venerable institución… que entonces no era más que un lugar precario, permanentemente amenazado. «¡Había que salvarlo todos los años!», recuerda el matemático Michel Demazure, que fue su presidente entre 1991 y 1998. A fuerza de perseverancia, Jean Brette se ganó el respeto de sus colegas y se impuso como el enlace, inexistente por entonces, entre los matemáticos franceses, cuya comunidad no estaba tan estructurada como lo está hoy. Quienes lo trataron recordarán también su colaboración con François Le Lionnais. La conferencia de Serge Lang que organizó dio lugar a las obras Serge Lang fait des maths en public, trois débats au Palais de la découverte (Belin, 1981, 1982, 1983), que serían traducidas al inglés (The Beauty of Doing Mathematics, Three Public Dialogues, Springer, 1985).
Jean Brette tenía la costumbre de felicitar a sus amigos por su cumpleaños y desearles además un «poliversario». Así, regaló a uno de ellos un polígono de treinta y cuatro lados, construido con regla y compás, el día en que cumplía 34 años, 34 meses, 34 semanas, 34 días, 34 horas y 34 minutos.
Quienes lo conocieron guardan también el recuerdo de un hombre encantador, muy discreto, al que le gustaban la pesca, los elefantes, el jazz, los bonsáis y, gracias a su esposa Sylvie, el arte de la composición floral.
Un conferenciante excepcional
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Jean Brette siempre estaba atento a la actualidad matemática. Así, para quienes no lo habían visto durante varias semanas, siempre tenía un problema o un resultado nuevo que explicar y comentar. Le gustaba mostrar que tal problema, fácil de enunciar, no tenía solución, o iniciar a su interlocutor en las sutilezas del descenso infinito… Desde los «matemáticos en ciernes» que iban a escucharlo al Palais hasta los de más edad que disfrutaban de sus conferencias, todos se sentían más inteligentes al marcharse.
Por su labor de divulgación de las matemáticas, Jean Brette recibió el Premio d'Alembert de 2002, junto con Catherine Goldstein, Mireille Chaleyat-Maurel y Gérard Tronel, por el dossier «Image des mathématiques dans le grand public, année 2000, année mondiale des mathématiques». Se ofrecen extractos de sus obras en
el sitio web kangmath. También participó en 1995, junto con Jean-Pierre Bourguignon, en el taller «Écoutez voir» de François Tisseyre y Claire Weingarten, en la película titulada
la Nouvelle Étoile du berger (30 min,
disponible en línea).