El premio Abel, creado en 2002 con motivo del bicentenario del genial matemático noruego Niels Henrik Abel (1802–1829), recompensa la culminación de una carrera y se asemeja, por tanto, al premio Nobel.
László Lovász, húngaro nacido en 1948, es uno de los matemáticos actuales más brillantes. Sus trabajos en combinatoria —en particular sobre grafos— y en algorítmica constituyen desde hace tiempo una referencia; también es un gran especialista en teoría de la complejidad.

László Lovász.

Avi Widgerson, el otro galardonado, es un israelí nacido en 1956 cuya carrera se ha desarrollado casi por completo al otro lado del Atlántico. Aunque ha trabajado en ámbitos similares a los de Lovász, los ha abordado desde una perspectiva probabilística. Ya recibió el premio Nevanlinna en 1994 por sus trabajos sobre la complejidad de los algoritmos. La desaleatorización es uno de sus campos predilectos, pero ¿en qué consiste exactamente? Algunos algoritmos emplean, en ciertas etapas, procedimientos de decisión aleatorios. Ha construido grafos expansores, objetos deterministas que limitan la intervención del azar (véase Tangente 190, 2019).