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Genio inscrito en su siglo

Si a veces se tiene la imagen de un Blaise Pascal muy asceta, retirado en un convento, no hay que olvidar sus múltiples rostros. También conoció una vida mundana trepidante, como muestra su interés por la noción de apuesta suscitada por los juegos de azar. Es también un empresario avisado que sabe detectar las ideas innovadoras o visionarias. Pascal se inscribe en numerosos debates de su época, en ciencia, en teología o en filosofía. La calidad de su escritura, su humor cáustico y la solidez de su razonamiento dan en el blanco.