Pero entonces, si nos hablan de «retención en origen», ¡ya no hace falta saber calcular! ¿Por qué? ¡Porque en 2017 no pagaremos impuestos! Pero, por otra parte, se oye decir lo contrario: habrá que saber calcular bien, porque en 2017 pagaremos dos veces nuestros impuestos. Ninguna de las dos cosas es cierta, según el Ministerio de Hacienda: todos los contribuyentes del impuesto sobre la renta abonarán en 2017 el impuesto de 2016. En 2018, cuando se aplique el principio de la retención en origen, pagarán sus impuestos de 2018. Por tanto, nada cambiará para el contribuyente, ya que sus pagos no sufrirán interrupción alguna. El único cambio afectará al Estado: no habrá interrupción en la recaudación de impuestos, pero, en definitiva, no tendrá ingresos fiscales correspondientes a 2017; para él será un «año en blanco». Es como si la función f, que asigna a cada año el año al que corresponden los impuestos que se pagan, presentara en 2018 un cambio de pendiente, pero sin ningún «hueco»: mientras n ≤ 2017, f (n) = n – 1, y para n ≥ 2018, f (n) = n.