En adelante, cada cual tributará en función de sus ingresos del año en curso según la fórmula siguiente, con una corrección cuando se conozcan los ingresos exactos del año (a lo largo del año siguiente). El tipo aplicado a los salarios será igual a: (IR × Rnp / Rnb) / R.
Los parámetros de esta compleja fórmula son:
• IR: Impuestos pagados en el año (n – 2) antes de deducciones y créditos fiscales,
• Rnp: Salarios y beneficios industriales y comerciales del año (n – 2) después de deducciones,
• Rnb: Ingresos netos imponibles del año (n – 2),
• R: Salarios del año (n – 2) antes de deducciones.
El resultado es sencillo para un asalariado sin ingresos adicionales ni reducciones fiscales, cuyo salario se mantiene estancado: equivale a retener cada mes una duodécima parte del impuesto del año anterior. Para los demás, es otra historia, que a veces lleva incluso, a quienes disfrutan de reducciones fiscales (por ejemplo, porque han contratado a alguien para las tareas domésticas), a pagar más de lo debido.
¿Hay ganadores y perdedores? En principio, no para quienes no cambien de situación. En cambio, los grandes perdedores serán los jóvenes que se incorporen al mercado laboral, que tributarán desde el primer mes de trabajo con un tipo no personalizado: ¡se acabó ese año en el que uno podía instalarse sin pagar impuestos! ¿Y los ganadores? Los herederos, que ya no tendrán que pagar, con cargo a la herencia, los impuestos del difunto. Hacienda incluso podría devolverles dinero…