Lo que llamamos PIB, o producto interior bruto, es un indicador del volumen de producción de una economía. En una primera aproximación, se define como la suma de los valores monetarios de los bienes y servicios de consumo final producidos en un territorio determinado durante un periodo determinado.
Matemáticamente, escribiremos
PIB=∑ipi×qi\text{PIB}=\displaystyle\sum_{i}p_{i}\times q_{i}
donde las magnitudes pi y qi representan, respectivamente, los precios de venta y las cantidades producidas de los bienes de tipo i de consumo final, es decir, bienes destinados a ser adquiridos por un consumidor particular (pan, televisor para uso privado…). Los bienes adquiridos para uso profesional, llamados bienes intermedios, no se contabilizan (furgoneta de reparto, ordenador para uso profesional…).
¿Por qué considerar únicamente los bienes de consumo final? Un ejemplo sencillo permite responder a esta pregunta. Consideremos la fabricación de una mesa. Un carpintero compra tablas (producidas y vendidas por un aserradero). Transforma esas tablas en mesas, que después vende. El precio de venta del carpintero incluirá, naturalmente, tanto el precio de compra de las tablas como su margen de beneficio. Por tanto, el precio de las tablas vendidas por el aserradero está incluido en el precio de venta de las mesas producidas.