En Francia hay cifras que apenas han variado en medio siglo: el 84 % del gasto de los hogares en transporte (es decir, el 14 % de su gasto total) corresponde al automóvil. Asimismo, de 1990 a 2014, en veinticinco años, el ferrocarril pasó del 9,2 % al 9,5 % de los pasajeros-kilómetro, y el metro y el RER, del 5,9 % al 6 %.
Veámoslo más de cerca. En 2016, once ciudades (París, Marsella, Lyon, Toulouse, Niza, Nantes, Estrasburgo, Montpellier, Burdeos, Lille y Rennes) reunían al 10 % de la población francesa. Encuestas periódicas estiman la población que entra y sale de ellas diariamente por carretera; su orden de magnitud es algo más del doble del número de habitantes. Los desplazamientos entre estas ciudades y sus periferias —incluidos los de casa al trabajo— solo sumaron el 23 % de los pasajeros-kilómetro del transporte por carretera y ferroviario. Casi el 80 % de la movilidad se da fuera de las grandes metrópolis, en zonas periurbanas o rurales, y no está atendida por las vías férreas.
En los cerca de nueve mil kilómetros de autopistas e infraestructuras concesionadas, situados esencialmente fuera de las aglomeraciones urbanas, el recorrido medio diario de un automóvil fue de 58 km. El orden de magnitud es el mismo en las carreteras nacionales. Se encuentran de nuevo desplazamientos pendulares entre casa y trabajo, o por compras, estudios…, pero en torno a ciudades medianas. El uso del automóvil para largas distancias es marginal.
La contribución del transporte
----------------------
A escala mundial, en 2015, el 44 % del petróleo se consumió en carretera, y los vehículos pesados representaron el 41 % del total. Estos merecen tanta atención como los automóviles, máxime cuando, en la logística urbana, son relevados por vehículos más ligeros en tonelaje, pero que recorren muchos kilómetros y contaminan más que los turismos.