Una medida contaminante --------------------
No hace falta haber cursado grandes estudios para entenderlo: la fluidez del tráfico reduce las emisiones; los atascos las aumentan. Ahora bien, el cierre de las vías de ribera —pero también las obras en los bulevares exteriores— provoca numerosos atascos que anulan la reducción del número de vehículos en circulación (estimada en un 30 %).
Hagamos un cálculo elemental: el número de vehículos que entran en París y salen de la capital cada día laborable asciende, de media, a un millón (el 70 % de la cifra anterior), a los que hay que añadir los desplazamientos intra-muros. La falta de fluidez del tráfico los retrasa aproximadamente una hora al día en total —o incluso más—, con lo que se duplica el tiempo durante el que el motor está en marcha y, por tanto, las emisiones de gases, que alcanzan así el 140 % de la cifra anterior. Añadamos que los sistemas de frenado, en particular los de los autobuses, representan el 40 % de las emisiones de partículas. No hace falta decir que se ven terriblemente exigidos en los atascos…
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Consecuencias perjudiciales para la economía -----------------------------------------
Los coches que circulan por París lo hacen, la mayoría de las veces, por motivos profesionales. Sus conductores no tienen alternativas y el efecto disuasorio de los atascos no puede surtir efecto. La consiguiente ralentización hace perder, como se indica al lado, al menos un millón de horas por día laborable, es decir, incluso al SMIC, el equivalente a diez millones de euros diarios, a los que se suma aproximadamente un millón de euros en consumo de gasolina. Al año, esto representa, como mínimo, dos mil quinientos millones de euros, repartidos entre los conductores y sus empleadores. Y este cálculo no tiene en cuenta las pérdidas vinculadas a los parisinos que circulan en coche ni a quienes toman los autobuses retrasados por los atascos, pese a los carriles reservados para ellos (basta con recorrer los muelles para comprobarlo).
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¿Una política antisocial? ----------------------------
Casi la mitad de los parisinos ha renunciado a tener coche. Unos años antes, eran muchísimos los que poseían uno, aunque no lo utilizaran en París. ¿Un avance? No, porque tener coche es la libertad de ir adonde se desee cuando se desee, sin ser esclavo de los medios de transporte ni de sus costes. Entonces, ¿cuál es la razón que los ha llevado a desprenderse de este instrumento de libertad? El coste cada vez más elevado del estacionamiento y de los aparcamientos\*. La política municipal ha provocado aumentos de los precios del estacionamiento insoportables para quienes tienen menos recursos, que se han visto obligados a renunciar a tener coche, pese a que resulta muy útil para algunos desplazamientos por zonas mal comunicadas, especialmente durante las vacaciones. \* En algunos distritos, el 20 % de los vehículos que circulan está buscando aparcamiento. Al llegar cerca del bulevar periférico, una proporción importante de los usuarios utilizaría el transporte público si pudiera aparcar fácilmente.
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Peatones y vehículos de dos ruedas expuestos a accidentes -------------------------------------------
En los últimos años, las estadísticas oficiales de seguridad vial muestran que los peatones, los ciclistas y los vehículos motorizados de dos ruedas representan ya en París más del 80 % de las muertes (40 en París en 2016) y de los heridos hospitalizados (767 en París en 2016). La implantación de carriles bus, que permite circular por ellos a los vehículos de dos ruedas, y una política laxa que los incita a saltarse semáforos en rojo o a circular en sentido contrario provocan accidentes con víctimas en todas las ciudades que han optado por ello. Sin embargo, no parece que los responsables de estos ayuntamientos contemplen dar marcha atrás en estas medidas.