La contaminación no causa estragos solo en el exterior. Desde hace poco, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el aire interior está más contaminado que el exterior. A escala mundial, le atribuye 4,3 millones de muertes al año, frente a los 3 millones atribuidos a la contaminación atmosférica. Ambas se solapan, por supuesto, pues el 30 % de esta última penetra en los edificios, con un difícil equilibrio entre aislamiento y ventilación. Los contaminantes del interior proceden de nuestros modos de vida, de los materiales de construcción y del mobiliario, así como de los aparatos de combustión y cocina.
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Carbón en las grandes ciudades ----------------------------------
En Francia, la calefacción con leña representa el 42 % de las emisiones medias de partículas de tamaño inferior a 2,5 micrómetros (denominadas PM 2,5), es decir, tres veces más que el transporte por carretera (14 %). Según la Agencia de Medio Ambiente y Gestión de la Energía, un día de calefacción con leña en una vivienda emite, por término medio y según la antigüedad y la naturaleza del equipo, tantas partículas como un coche diésel que recorra tres mil quinientos kilómetros. Además, las grandes redes de calefacción urbana, como la de París, consumen principalmente… fueloil y carbón.
Una vez emitida, la contaminación atmosférica se ve sometida a las condiciones meteorológicas y a los vientos dominantes; varía en función de parámetros conocidos —espacios verdes, masas de agua, relieve, vías de circulación— o desconocidos (nadie sabe explicar realmente por qué la Puerta de Auteuil está cinco veces más contaminada que la región parisina de media).