El enfoque matemático de una epidemia ha dado lugar a numerosas teorías, de las que Tangente ya se ha hecho eco. Pero en el caso del virus de la epidemia actual —el SARS-CoV-2, de la familia de los coronavirus— persisten muchas incógnitas. Así, el hecho de que algunas personas, como los niños, puedan ser portadoras sanas oculta datos fundamentales, como el número de personas infectadas y posteriormente inmunizadas.
Se han desarrollado modelos para estudiar la expansión de la pandemia en una región determinada. Pero, dado el escaso conocimiento de la enfermedad, los primeros resultados no coincidían realmente con las observaciones de campo.
Ya el 24 de enero, el equipo de Vittoria Colizza, del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica), presentó un estudio para estimar el riesgo de importación de la epidemia a Europa. Se basaba en los flujos de pasajeros desde las regiones chinas afectadas hacia las grandes ciudades europeas antes del confinamiento, y estimaba la probabilidad de que un pasajero fuera portador del virus y lo transmitiera en destino.
Datos necesarios para los modelos
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La distribución de los casos en función del tiempo da lugar a una «curva epidémica». Según su forma, pueden deducirse algunos elementos: una curva que presenta un pico seguido de una fase de descenso es característica de una fuente puntual de contagio. La presencia de una «meseta» revela una fuente persistente. Una curva con varias «olas» indica una transmisión de persona a persona.