Verano de 1665: una epidemia de peste asola Inglaterra; se contabilizan 68 596 muertos en Londres, entre el 15 y el 20 % de la población. La catástrofe tiene dos consecuencias felices para la historia de la ciencia. Como la Universidad de Cambridge había mandado a sus estudiantes a casa, uno de ellos se dedica a pasear, soñar despierto y alinear cifras. «Me avergüenza confesar hasta cuántas cifras decimales llevé estos cálculos cuando tenía tiempo libre. La verdad es que entonces disfrutaba demasiado con estas investigaciones.» Tenía 22 años y estaba inventando el análisis y la física modernos: se llamaba Isaac Newton. La otra consecuencia beneficiosa se debe a un tal John Graunt (1620−1674), pañero de profesión, un «compañero agradable y jocoso», según uno de sus amigos. Tomó la iniciativa de analizar la información recogida en los «boletines de mortalidad» publicados en Londres durante las sucesivas epidemias de peste. Hay que decir que la de 1665 no fue la primera: ya habían tenido lugar las de 1592 (11 503 muertos), 1603 (30 561 muertos), 1625 (35 417 muertos) y 1636 (10 460 muertos). Se llevaban registros, pero antes de Graunt a nadie se le había ocurrido extraer de ellos predicciones cuantitativas: así nació la estadística aplicada a la demografía.
La primera tabla de mortalidad
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En las Observaciones sobre los boletines de mortalidad, de Graunt, se encuentra la primera tabla de mortalidad de la historia. «De cada cien niños, dice, mueren 36 durante los seis primeros años y 24 en los diez años siguientes.» En efecto, ¡el sesenta por ciento de los recién nacidos no llega a los 16 años! La peste no lo explica todo: siempre había sido así, y la situación cambiaría poco hasta mediados del 19.º siglo. Las curvas siguientes muestran los porcentajes de recién nacidos supervivientes en función de la edad. La curva roja corresponde a los datos de Francia en 2015; allí, la mortalidad infantil es muy inferior al 1 %. En los siglos pasados era del orden del 20 % al año de edad y del 50 % a los 8 años. ¿A quién debemos esta victoria? A la medicina y a los hábitos de higiene que ha sabido imponer en nuestras sociedades. Pero ha habido médicos por todas partes desde la Antigüedad. ¿Por qué hubo que esperar al 19.º siglo para que alcanzaran una eficacia tan generalizada? Está relacionado, al menos en parte, con el desarrollo paralelo de la estadística.
Los cálculos sobre la duración de la vida y las recopilaciones de datos demográficos o económicos se remontaban al menos al 17
.º siglo. Pero durante la primera mitad del 19
.º apareció un fenómeno nuevo: la «avalancha de cifras» (véanse
Matemáticas y medicina,
Biblioteca Tangente 58, 2016, y
Matemáticas de los seguros,
Biblioteca Tangente 57, 2016). En todos los ámbitos se empezaron a recopilar datos y a intentar extraer información de ellos. En pocas generaciones, la medicina pasó de las descripciones de casos a las tablas de datos. Tres victorias médicas ilustran el papel de la estadística en sus comienzos.