«¡La vida no es un río tranquilo!», se oye proclamar a menudo. Pero ¿existen ríos tranquilos? El flujo natural de las aguas fluviales hacia los mares y océanos constituye una aportación económica esencial para los países que atraviesan. Cada Estado pretende, naturalmente, aprovechar al máximo los beneficios derivados de la explotación de estas masas de agua. Sin embargo, desde la perspectiva del desarrollo sostenible, sería necesario que cada país pudiera disfrutar de una parte de esta riqueza sin perjudicar a las demás naciones situadas río abajo ni sobreexplotar los cursos de agua que lo atraviesan. Este es el objeto del artículo 6 de la Convención de Nueva York de 1997 relativa a los usos de los cursos de agua para fines distintos de la navegación, una convención que entró efectivamente en vigor en agosto de 2014. Este texto precisa cómo deben aplicar los países afectados la regla de utilización equitativa y razonable que constituye el objeto del artículo 5 de la misma Convención. Implica tener en cuenta todos los elementos pertinentes, como los factores hidrológicos, las necesidades económicas y sociales de los países afectados, el tamaño de las poblaciones y también la posible existencia de otras opciones que puedan sustituir la explotación directa de las aguas fluviales (plantas desalinizadoras para las naciones costeras).
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Esencial: la elección del decisor --------------------------------
Siguiendo estas prescripciones, es posible establecer un modelo que tenga en cuenta un conjunto de trece factores. Se consideran la superficie de la cuenca, las precipitaciones, los recursos internos de agua renovable, la dependencia hidrológica respecto del exterior, los recursos hídricos por habitante (medidos en dos momentos), la extracción de agua por habitante, el tamaño de la población con acceso a fuentes de agua potable, la población total (medida en dos momentos), un indicador de desarrollo humano, el producto interior bruto y el conjunto de las tierras irrigadas. Realizar las mediciones con diez u once años de intervalo permite incorporar al modelo un elemento dinámico y evolutivo.
Tener en cuenta un número elevado de criterios no facilita, naturalmente, la resolución del problema. Además, las hipótesis subyacentes a los modelos pertinentes considerados podrían quizá conducir a resultados significativamente distintos. La elección del decisor se vuelve entonces esencial. Se le ofrecen varias opciones. Puede optar por métodos afines a la teoría de la utilidad, como el método MAUT (por multi attribute utility theory, o teoría de la utilidad multiatributo). Puede preferir los llamados métodos de sobreclasificación, como Electre (por eliminación y elección que traduce la realidad), Promethee (por preference ranking organisation method for enrichment evaluations, o método de organización y clasificación de las preferencias para evaluaciones enriquecidas) o Gaia (por geometrical analysis for interactive assistance, es decir, análisis geométrico para una ayuda interactiva a la toma de decisiones).