La transición energética no es una simple ecuación. Es multifactorial e implica no solo a la física, sino también a la química, la biología e incluso las ciencias sociales. En cada transición, las consecuencias han sido espectaculares. Así, antes de domesticar el fuego, la población de la Tierra no superaba el millón; unos miles de años después, el aprovechamiento de la fotosíntesis y la agricultura multiplicaron esa población. El primer millardo se alcanzó gracias al aprovechamiento del vapor. El carbón, el petróleo y, por último, la energía nuclear condujeron a los siete mil millones de habitantes del siglo XXI. En todos los casos, el control de una nueva fuente de energía permite alimentar mejor, cuidar mejor, fabricar mejor, vender mejor…
La transición energética de este siglo plantea un reto completamente nuevo: pasar de un sistema en el que la energía era barata y los recursos inagotables a otro obligado a gestionar con austeridad una energía cara y a economizar los recursos.
La producción de electricidad
-----------------------------
El mix eléctrico es objeto de mucho debate, pese a que en Francia solo representa el 6 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, muy por detrás del transporte y del sector residencial. Alimenta, en efecto, la polémica en torno a la decisión de reducir al 50 % la proporción de energía nuclear y elevar al 32 % la de las fuentes de energía denominadas renovables. El ejemplo alemán invita a la reflexión (véase el recuadro).