El hecho de contar implica, ante todo, mirar el mundo: no se puede contar con los ojos cerrados. Ahora bien, la mirada de quien cuenta no es la misma que la que otra persona habría posado sobre esa misma realidad que se va a contar. Por tanto, hay algo fundamentalmente personal en el recuento, por ejemplo en:
\- la manera de seleccionar —y, por tanto, de descartar— aquello que se cuenta (y aquello que no se cuenta);
\- la forma de agrupar las entidades que se cuentan (y, por tanto, de separarlas: hombres y mujeres, fumadores y no fumadores, mayores y menores de edad...);
\- la técnica que permite registrar la información (y, por tanto, resumir determinadas características de las entidades contabilizadas: se cuenta a las personas que residen en las ciudades, pero no a los nómadas).
Decisiones necesarias
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