El 8 de agosto de 1897 es una fecha singular en la historia de la comunidad matemática. Ese domingo, en Zúrich (Suiza), doscientos matemáticos procedentes de todo el mundo se reúnen en la recién inaugurada sala sinfónica para dar inicio al primer Congreso Internacional de Matemáticos. El alemán Adolf Hurwitz (1859‒1919), profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y uno de los organizadores, saluda a esta docta asamblea con un cordial «Hochverehrte auswärtige Kolleginen und Kollegen», que significa, en la lengua de Molière, «queridos colegas extranjeros», pero con una fórmula sorprendentemente inclusiva. Doblemente sorprendente, en realidad: en aquel 19.º siglo que tocaba a su fin, poco interesaban las cuestiones de paridad y, sobre todo, había muy pocas Kolleginen en la sala.
¡Solo cuatro participantes!
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En este primer congreso solo se contabilizan cuatro participantes. Entre las más jóvenes del congreso, Charlotte Wedell (1862‒1953) procede de la nobleza danesa; acaba de defender en la Universidad de Lausana una tesis sobre funciones elípticas bajo la dirección oficiosa… de Adolf Hurwitz. Las actas del congreso la vinculan a la Universidad de Gotinga, pero allí no ocupa ningún puesto profesional.