Contar una multitud no tiene por qué ser una tarea difícil, ni siquiera cuando se trata de números «grandes»: conocemos con precisión la cantidad de espectadores presentes en un partido de fútbol. Pero, en una manifestación, ¡no todo el mundo está sentado en un asiento numerado! La estimación del número de manifestantes tropieza con los dos principales problemas a los que se enfrentan los estadísticos: saber qué contar y saber cómo contarlo.
Saber qué contar empieza por intentar definir con precisión el objeto de estudio. No es sencillo, pues los conceptos de «manifestación» y «manifestante» pueden describir situaciones muy variadas: una manifestación puede ser dinámica —la tradicional marcha Bastilla-Nación del 1er de mayo— o estática —la concentración de apoyo a François Fillon del 5 de marzo de 2017 en el Trocadéro—. También puede estar muy dispersa geográficamente, como las manifestaciones de los «chalecos amarillos» en las rotondas durante el invierno de 2018-2019. Del mismo modo, ¿debe un manifestante estar necesariamente presente desde el principio hasta el final de la manifestación para ser contabilizado? ¿Qué ocurre con quien solo acude un rato, con quien se queda en la acera sin marchar pero agitando su pancarta? ¿Y con la persona que, por el contrario, se encuentra en el flujo de la marcha cuando simplemente quiere volver a casa? Establecer un método de recuento exige formular hipótesis sobre qué son una manifestación y un manifestante. Dos recuentos no arrojarán el mismo resultado si no se basan en las mismas definiciones o presupuestos.
¿Cómo contar? -----------------
Varias técnicas, que no se excluyen entre sí, permiten obtener una estimación del tamaño de una manifestación. La más sencilla consiste simplemente en contar a las personas que pasan ante un observador. En la práctica, dos personas situadas una frente a otra cuentan, mediante un contador mecánico, a todas las personas que pasan entre ellas. Se obtiene así una cifra que, salvo errores y omisiones, da el número de manifestantes… que han marchado hasta ese punto de recuento. Para evitar manipulaciones —por ejemplo, que un manifestante pase varias veces ante el contador—, los organizadores desconocen la ubicación del puesto de observación y los observadores suelen situarse en alto para disponer de mejor visibilidad. Esta técnica resulta relativamente eficaz para las manifestaciones en marcha, aunque la fatiga de los operadores puede tender a subestimar el número de manifestantes con el paso del tiempo. Puede aplicarse una corrección arbitraria —por ejemplo, del +10 %— para tener en cuenta las omisiones y a los manifestantes que hayan rodeado el punto de recuento. La ventaja de este método es que requiere pocos medios técnicos.
Otro método consiste en abordar la manifestación en su conjunto: a partir de un plano, se calcula la superficie ocupada por la manifestación y se multiplica por una densidad de personas por metro cuadrado estimada visualmente para obtener un número de manifestantes. Esta técnica resulta útil para las concentraciones estáticas (véase el recuadro), pero sirve más para detectar estimaciones disparatadas que para dar una cifra precisa. También funciona para las manifestaciones dinámicas si la cola de la marcha se pone en movimiento antes de que la cabecera llegue a su destino: entonces puede calcularse una superficie.