Imagine a un espía que trabaja para el Gobierno, para una multinacional o para un particular adinerado. El primer problema que debe resolver es localizar a su objetivo. Este problema es sencillo, pues la red localiza a todos los que poseen un teléfono «inteligente» para optimizar las potencias emitidas. Así, su querido aparatito se comunica con las antenas que encuentra a su paso. La red sabe en todo momento dónde se encuentra cada uno de nosotros.
En una manifestación, la policía anuncia una cifra determinada de manifestantes; los organizadores no dudan en anunciar otra cifra, que a veces puede llegar a multiplicar por diez la de las autoridades. Ahora bien, si se quiere saber cuántas personas estuvieron en algún momento en la manifestación, existen cifras reales y precisas. Basta con determinar cuántas personas fueron detectadas por varias antenas de telefonía móvil al comienzo de la manifestación y cuántas de ellas lo fueron de nuevo al final. ¡Incluso se puede decir cuántas se escaquearon! Es cierto que algunos reacios no tienen dispositivo, otros dejan por seguridad su preciado aparato en casa, pero son tan pocos… Más problemáticos son quienes poseen varios dispositivos, aunque, haciendo un poco la pelota a los operadores, debería ser posible localizarlos. ¿Quiere saber cuántas personas trabajan en un centro? No hay problema: el mismo procedimiento también le proporciona cifras precisas. Evidentemente, las administraciones competentes no van a utilizar estos datos para mejorar las infraestructuras o el transporte. En cambio, las potencias extranjeras y los competidores sí están interesados.
Le sigue la pista durante todo el día