Las aplicaciones conectadas con fines médicos se cuentan actualmente por decenas de miles. Van desde el mero artilugio hasta objetos realmente útiles. El más habitual parece ser la pulsera de actividad que llevan los corredores. Analiza sus datos personales, como el número de pasos dados o el pulso, y los envía a su smartphone, donde una aplicación calcula determinada información, como el número de calorías quemadas. En esta línea, también existen «tenedores conectados» para controlar la alimentación, vinculados a básculas igualmente conectadas. Del mismo modo, un cepillo de dientes conectado puede comprobar que su usuario se cepilla correctamente los dientes y prevenir la aparición de caries o sarro. También puede enviar al dentista información sobre el cepillado.
Los objetos de salud conectados recopilan otros datos, como la temperatura, el ritmo cardíaco y toda clase de resultados de análisis.
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Una utilidad para las enfermedades crónicas ---------------------------------------------