Los servicios de inteligencia tienen un pasado poco conocido, pues sus resultados estuvieron cubiertos durante mucho tiempo por el secreto de Defensa. Así, los alemanes no supieron hasta 1967 que los franceses habían descifrado sus mensajes prácticamente durante toda la Primera Guerra Mundial. Georges Painvin y su adversario Fritz Nebel, creador del cifrado alemán ADFGVX de 1918 (véase el artículo de apertura de este dosier), eran ya muy mayores cuando se hicieron públicos los éxitos del ejército francés en materia de descifrado.
La historia se repitió durante la Segunda Guerra Mundial; el protagonista emblemático fue entonces Alan Turing (1912–1954), que, por desgracia, no llegó a conocer el reconocimiento público en vida…
Hoy en día, el descifrado sigue siendo un componente importante de los servicios de inteligencia; buena prueba de ello son el concurso de criptología organizado por la National Security Agency (NSA) estadounidense, cuyos enunciados pueden encontrarse en línea, y el concurso Al-Kindi, organizado por la asociación Animath, pero patrocinado por la Direction générale de la sécurité extérieure (DGSE).
El logotipo de la DGSE representa Francia (en rojo) y sus redes alrededor del globo.
El ave de presa negra recuerda su capacidad de actuación ofensiva.
Las matemáticas de la inteligencia
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Lógicamente, Francia cuenta con el Pôle national de cryptanalyse et de décryptement (PNCD), encargado de descifrar los mensajes cifrados. Para ello, este servicio dispone de un potente superordenador enterrado a gran profundidad en los sótanos de la DGSE, en el bulevar Mortier de París.