Desde la Antigüedad, los seres humanos cifran sus mensajes para preservar sus secretos de los enemigos, que, a su vez, se esfuerzan por descifrar esos códigos y comprender las intenciones de sus adversarios. El criptoanálisis, hoy en la encrucijada de las matemáticas y la informática, desempeña un papel esencial en cada conflicto. En el 20.º siglo, una estadounidense de formación literaria destacará en este campo. Se trata de Elizebeth Smith Friedman (1892-1980), una criptoanalista excepcional, que dejará huella en la Historia e influirá en el curso de las guerras.
Elizebeth nació en 1892 en una numerosa familia estadounidense. Muy aplicada en una época en que la educación de las niñas distaba mucho de ser una prioridad, tuvo que negociar duramente con su padre para continuar sus estudios superiores. Finalmente, él aceptó con la condición de que su hija le devolviera los gastos de matrícula con un interés del 6 %. Decidida, aceptó el reto. En la universidad estudió griego y literatura inglesa. Tras obtener su título, se fue a Chicago a probar suerte.
Un encuentro decisivo --------------------------
El destino de Elizebeth dio un giro un día en una biblioteca. Acudió allí para consultar una edición original de las obras de Shakespeare y conoció a un hombre adinerado que iba regularmente a estudiar ese mismo manuscrito. Tras intercambiar unas palabras, él la invitó a su casa. Sorprendida y escéptica, Elizebeth acabó siguiéndolo.
Aquel hombre era Georges Fabyan, un rico industrial. Propietario de una vasta finca en Riverbank, California, reunía allí a científicos para investigar en campos diversos.