Mantener la integridad de un mensaje desde su emisión hasta su recepción siempre ha planteado un problema y, desde la aparición de los ordenadores, se ha convertido en una cuestión central. Todos los mensajes pueden alterarse durante su transmisión: un arañazo en un disco, ruido electromagnético en un cable de fibra óptica, una mancha de café en una carta. Por eso es importante detectar los errores e incluso corregirlos.
Detectar los errores --------------------
Conviene distinguir bien entre los códigos detectores de errores y los códigos correctores de errores. Los primeros reúnen métodos que permiten identificar la presencia de un error en un código, pero no localizarlo y mucho menos corregirlo. Es, por ejemplo, la función de la clave que figura al final del número de seguridad social (denominado número de inscripción en el registro o NIR). Este número consta de trece cifras y una clave de control de dos cifras. Esta clave se calcula de modo que la suma del número de trece cifras y de la clave sea múltiplo de 97, lo que da la siguiente fórmula para la clave: clave = 97 – (NIR mod 97), donde a mod b designa el resto del número entero a en la división euclídea por el número entero estrictamente positivo b.
La clave de control es muy corta (solo dos cifras). Sin embargo, la probabilidad de que sea válida pese a que haya errores en el número de trece cifras es muy baja. Por tanto, el método parece eficaz.
En informática encontramos el mismo principio con el bit de paridad: el primer bit (0 o 1) de cada octeto (una lista de ocho bits consecutivos) no contiene realmente información y sirve únicamente para que haya un número par de unos en el octeto, lo que permite saber si hay un bit erróneo en el resto del octeto.