Cuando, por ejemplo, en 1915 los submarinos alemanes hundieron el transatlántico Lusitania, causando mil ciento veinte muertos, se cuenta que fue un pintor y teniente del ejército británico, Norman Wilkinson, quien tuvo la idea de camuflar los barcos, no ocultándolos en el paisaje, sino, por el contrario, creando un camuflaje disruptivo, o razzle dazzle (del inglés dazzle, «confundir»).
Como ocurre en una manada de cebras, cuyos depredadores no consiguen distinguir unas de otras, este camuflaje, destinado a dificultar la puntería de los operadores que lanzaban torpedos, presentaba variados motivos geométricos —rayas, triángulos o cuadriláteros—, ostensiblemente negros y blancos. Estos motivos creaban una ilusión óptica que impedía a los observadores identificar el tipo de embarcación y sus dimensiones, así como evaluar su velocidad y rumbo. Se afirma que esta geometría del trampantojo, pintada además a menudo por las mujeres del Women’s Reserve Camouflage Corps estadounidense, podía desorientar en unos 55° incluso al más experimentado de los submarineros. ¡Una aplicación inesperada, pero sin duda eficaz, de la geometría!
Razzle dazzle en el barco estadounidense USS West Mahomet.