«Emergencia», ¡qué hermosa palabra! Salimos del sueño, un individuo más brillante que los demás emerge de la multitud, la luna emerge de las nubes, la vida emergió de la materia… Hablamos entonces de propiedades emergentes, propiedades que posee un sistema pero que no son propias de sus elementos constitutivos. Se encuentran con frecuencia en las ciencias de la vida: una fila de hormigas que destaca mientras las demás pululan a su alrededor, bancos de peces que parecen tan disciplinados…
En una de las Breves de matemáticas publicadas durante 2013, el Año del Planeta Tierra, Adrien Blanchet (Universidad de Toulouse) cita el fenómeno de la «mano invisible» de los mercados, imaginado por el economista Adam Smith, como una de esas propiedades emergentes. El individuo, nos dice este experto, «solo piensa en su propio beneficio; en ello, como en muchos otros casos, una mano invisible le lleva a cumplir un fin que no entra en absoluto entre sus intenciones». Sería, por tanto, esta «mano» la que orientaría el trabajo hacia el uso más útil para la sociedad, pese a la búsqueda permanente del interés personal de cada cual, y permite así que el mercado dé lugar a una suerte de autorregulación. En economía, el todo sería, por tanto, más que la suma de las partes…