El «gran hermano» chino --------------------------
Los controles de identidad ya pueden realizarse automáticamente en el aeropuerto mediante reconocimiento facial. Basta con colocar el pasaporte para que una cámara compruebe que realmente es el suyo.
De forma más intrusiva, en China algunos policías están equipados con gafas provistas de cámaras que permiten detener a las personas buscadas. Asimismo, en algunos colegios las cámaras de vigilancia controlan la atención de los alumnos o reprenden en directo a los peatones que cruzan con el semáforo en rojo. El reconocimiento facial se utiliza incluso para combatir el uso abusivo de papel higiénico en los lugares turísticos: tiene derecho a 60 cm cada nueve minutos, ni un milímetro más. Todos estos avances nos hacen preguntarnos si China no estará inventando un «mundo feliz» que supera la imaginación combinada de Aldous Huxley y George Orwell...

Control de identidad en China.

El control de los robots armados --------------------------------
Algunos robots, ya sean vehículos aéreos o terrestres, ya están armados, pero un ser humano mantiene a distancia el control sobre el uso de sus armas. Estos robots permiten llevar a cabo operaciones militares selectivas reduciendo el riesgo de bajas humanas, al menos del lado del Estado o de la organización que los utiliza.
Aunque la inteligencia artificial integrada en el robot puede servir para elegir un objetivo mediante reconocimiento facial o el análisis de su comportamiento, el robot no puede decidirlo por sí mismo. El arma sigue bajo control humano. Sin embargo, es fácil convertir estos robots, ya desarrollados en varios países como Rusia, Estados Unidos o Francia, en autónomos. Por eso la Organización de las Naciones Unidas trabaja para prohibir los SALA (sistemas de armas letales autónomas). Hasta que se alcance un acuerdo sobre este punto...

Rusia trabaja activamente para hacer autónomo su tanque T-14 Armata.

La mano invisible de la IA -------------------------
Fue la empresa emergente Geophy la que inspiró a Guillaume Erner su crónica del 26 de septiembre de 2018 en France Culture. Geophy está especializada en la recopilación de precios inmobiliarios: dispone de una base de datos de más de doscientos millones de inmuebles. A largo plazo, hoy podemos imaginar fácilmente que un centro de datos, gestionado por Geophy o por alguien más, acabe disponiendo en tiempo real del valor de cada vivienda en todo el mundo. Una inteligencia artificial podría entonces estudiar su evolución y sus mecanismos para fijar los precios. Lo haría de forma más eficaz que la «mano invisible del mercado», pues la IA dispondría de una información más completa y de una capacidad de análisis superior a la de la mera agregación de las preferencias individuales. Una «planificación» potencial de nuevo cuño, que lleva a Guillaume Erner a concluir, con una sonrisa divertida: «¿Y si la Unión Soviética fuera la etapa final de la informática?»
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