Como la inteligencia artificial se despliega hoy en numerosos ámbitos, resulta natural plantearse y concebir sus aplicaciones en los mercados. Después de todo, ¿no es el sector financiero —bancos, aseguradoras, intermediarios…— desde hace tiempo uno de los principales «consumidores» de recursos informáticos del mundo? Cabía esperar, por tanto, que fuera uno de los pioneros en este campo.
Sin embargo, no es así. Aunque las «listas de los mejores» de los concursos de machine learning ya no contienen solo nombres de universidades, las empresas que aparecen en ellas se llaman Google y Facebook, y no Goldman Sachs o JP Morgan, pese a que estas son dos de las empresas más innovadoras del sector. ¿Qué puede explicar esta anomalía?
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Protegerse frente a los riesgos ---------------------------
Para entender bien por qué el sector financiero no figura entre los líderes de la IA, hay que advertir primero que se trata de uno de los sectores más regulados. Como han mostrado las crisis sucesivas, reúne actividades cuyo menor fallo puede afectar a una gran parte de la actividad económica mundial y, con ello, deteriorar las condiciones de vida de muchos hogares. Uno de los objetivos esenciales de la regulación consiste en comprobar que las principales instituciones —denominadas sistémicas— de este sector actúan ante todo como intermediarias del riesgo financiero. Esto significa que, en lugar de asumir riesgos, los fraccionan, los hacen circular y permiten así que los agentes del mundo extrafinanciero se protejan frente a todo tipo de riesgos siempre que recurran a estas instituciones. El ejemplo habitual, algo caricaturesco pero útil para entenderlo, es el de un agricultor que quiere contratar un seguro contra el mal tiempo y el propietario de una central hidroeléctrica cercana que desea protegerse del buen tiempo. Un intermediario financiero puede entonces establecer dos contratos «opuestos» sin que nadie asuma realmente riesgos. En este ejemplo teórico —simplista—, podemos imaginar que ninguno de los tres agentes sea ya financieramente sensible a las vicisitudes climáticas. Estas se sustituyen entonces por flujos de dinero deterministas —primas de seguros y márgenes—.