La inteligencia artificial es una disciplina científica que nació oficialmente en 1956, en el Dartmouth College de Hanover (Nuevo Hampshire, Estados Unidos), durante una escuela de verano organizada por cuatro investigadores: John McCarthy, Marvin Minsky, Nathaniel Rochester y Claude Shannon.
Para los impulsores de esta escuela de verano, la inteligencia artificial (o IA) tenía inicialmente por objetivo simular en máquinas todas y cada una de las distintas facultades de la inteligencia, ya fuera humana, animal, vegetal o social. Según ellos, esta disciplina científica se basaba en la conjetura de que todas las funciones cognitivas, en particular el aprendizaje, el razonamiento, el cálculo, la percepción, la memorización e incluso el descubrimiento científico o la creatividad artística, pueden describirse con tal precisión que sería posible reproducirlas en ordenadores. Posteriormente, y pese a los considerables avances que ha registrado, el estudio de la inteligencia artificial siempre se ha basado en la misma conjetura, que hasta ahora nada ha permitido ni refutar ni demostrar de manera irrefutable.
Los cuatro mosqueteros de la IA
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La inteligencia artificial, como disciplina científica, no surge de la nada. Siguió los pasos de la cibernética, ciencia de los sistemas complejos y de su control, fundada en la década de 1940 y especialmente activa a comienzos de la década de 1950. Esta aspiraba a modelizar la regulación de los sistemas biológicos, psíquicos, políticos o sociales mediante flujos de información. Las redes neuronales formales, tan utilizadas en inteligencia artificial, proceden de los trabajos sobre cibernética. Marvin Minsky, uno de los «cuatro mosqueteros» que dieron origen a la inteligencia artificial, había realizado precisamente su tesis sobre el aprendizaje en las redes neuronales formales. Estas designan algoritmos de cálculo cuyo diseño se inspiró originalmente en el funcionamiento de las neuronas biológicas.