Ya le habían formulado esta pregunta a Katie Bouman en 2016: «¿Cómo fotografiar un objeto situado a cincuenta y cuatro millones de años luz, con una masa 6,5 mil millones de veces mayor que la del Sol y del que no puede escapar ninguna luz?» Unos meses después, explicó cómo, en un equipo de astrónomos, físicos, matemáticos e ingenieros, todos trabajaban con algoritmos sofisticados y datos procedentes de una red de telescopios, y preveían que pronto se reconstruiría la primera imagen de un agujero negro. Esto se hizo realidad en abril de 2019, cuando una imagen de este tipo se presentó públicamente.
Investigadora posdoctoral de 29 años en el MIT (Estados Unidos), especialista en informática e ingeniera eléctrica, especialista en procesamiento de imágenes, escribió, en el marco del proyecto «Event Horizon Telescope», uno de los algoritmos (llamado CHIRP, por Continuous High resolution Image Reconstruction using Patch priors) que contribuyeron a colmar las lagunas de las imágenes obtenidas mediante ocho radiotelescopios situados en seis lugares distintos (en Arizona, Hawái, México, Chile, España y la Antártida). Así, catapultada al primer plano, Katie Bouman precisa, no obstante, que «no fue un solo algoritmo ni una sola persona quien creó esta imagen, sino el increíble talento de un equipo de científicos de los cuatro rincones del planeta y años de arduo trabajo».