El 10 de abril de 2019 los grandes medios publicaron la primera «imagen» de un agujero negro. Los profesionales de la astronomía aguardaban este acontecimiento, pues la imagen se había realizado ya en abril de 2017; sin embargo, fue necesario más de un año de trabajo para sintetizar una cantidad colosal de datos y cálculos. Esta fotografía del agujero negro situado en el centro de la galaxia elíptica gigante M87 exigió numerosas innovaciones tecnológicas, la principal de las cuales es el Event Horizon Telescope (EHT).
La «foto del agujero negro» no es una instantánea obtenida mediante óptica, sino una imagen reconstruida en falsos colores de un objeto situado a unos cincuenta y cinco millones de años luz de nosotros. En óptica se emplean lentes y espejos. En radioastronomía se utilizan antenas —parabólicas de varias decenas de metros— y se aplican tratamientos de análisis de Fourier para obtener una imagen.
El empleo de varios radiotelescopios se debe a que se observan objetos muy lejanos, inaccesibles mediante óptica. Se utilizan ocho radiotelescopios para aumentar virtualmente el tamaño de la antena —también llamada antena— y mejorar la resolución; es la astronomía interferométrica. Entonces hay que sincronizar las señales mediante un reloj muy preciso, digitalizarlas y procesarlas. Para complicarlo aún más, los flujos de datos correspondientes son enormes, del orden de 8 Gbits/s, por lo que no pueden transmitirse por las redes…
La evolución de la observación astronómica ===========================================================================================
Desde la noche de los tiempos, los astrónomos observan el cielo y sus objetos con sus propios ojos; desde la época de Galileo utilizan instrumentos ópticos. En el 20.º siglo, el campo de observación se amplió con la radioastronomía, que extendió el espectro de los objetos estelares a las ondas de radio.