Sepamos relativizar -------------------
Durante una conferencia, le preguntan a Albert Einstein:
«¿Cuál es la diferencia entre el tiempo y la eternidad?
– Querido señor, tendría que dedicar todo mi tiempo a explicárselo, y usted necesitaría una eternidad para comprenderlo.»
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Se atribuyen estas palabras al físico más célebre del siglo XX: «Desde que los matemáticos invadieron la teoría de la relatividad, ni yo mismo entiendo ya nada.»
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También habría pronunciado estas palabras: «Cuando era joven, descubrí que el dedo gordo del pie siempre acababa haciendo un agujero en el calcetín. Así que dejé de ponerme calcetines. No me ha ido mal, si tenemos en cuenta que sobreviví triunfalmente al nazismo y a dos esposas…»
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Según un matemático, hay que ser físico para emplear la siguiente formulación: «Cuando las leyes matemáticas se aplican a la realidad, no son exactas; y cuando son exactas, no se aplican a la realidad.»
El matemático lamentará, en efecto, con profunda amargura, que incluso la más abstracta de las teorías corra hoy el peligro de tener aplicaciones.
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Volvamos a Einstein. Nunca nos cansamos de esta cita: «Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana. Pero, en lo que respecta al universo, todavía no he adquirido la certeza absoluta.»
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He aquí, por fin, una versión abreviada de un supuesto diálogo entre Albert Einstein y Charlie Chaplin. «Lo que más admiro de su arte, dice el físico, es su universalidad. No pronuncia usted una sola palabra y, sin embargo, el mundo entero le comprende.
– *Así es, pero su fama es aún mayor: el mundo le admira aunque nadie le comprende.»
Un físico, un ingeniero y… ------------------------------------
Un ingeniero y un físico dan un largo paseo en globo y terminan por perderse por completo. Descienden hasta unos quince metros del suelo y ven a alguien. Le gritan: «¿Dónde estamos?» La persona les responde, tras varios minutos de reflexión: «¡En un globo!»
Entonces el ingeniero se dirige al físico: «Seguro que quien ha respondido es matemático.
– Pero… ¿cómo puedes saberlo?
– Su respuesta lo delata: es perfectamente exacta; sin embargo, es perfectamente inútil.»
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Con motivo de una prueba de selección para una entrevista de trabajo en la industria aeronáutica, se pregunta a tres candidatos cuánto vale la suma 1/2 + 1/4 + 1/8 +… El matemático responde de inmediato: «La serie es igual a 1.» El físico levanta la mano: «La suma vale 0,999999999.» El estadístico mira al responsable de selección: «¿Cuánto prefiere que dé?»
En el bar de las ciencias… --------------------
El ingeniero piensa que sus ecuaciones son una aproximación de la realidad. El físico piensa que la realidad es una aproximación de sus ecuaciones. Al matemático le da igual. El químico no entiende el problema.
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Un matemático no cree nada sin demostración. El físico cree cualquier cosa mientras no haya refutación.
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El físico ruso Lev Davidovich Landau (1908–1968) criticaba a un joven colega que afirmaba haber descubierto por su cuenta, unos años antes, una nueva y brillante teoría, aunque no la hubiera publicado.
«Yo no repetiría esa afirmación si estuviera en su lugar. No tiene nada de censurable no encontrar una solución a un problema concreto. En cambio, si alguien la encuentra y no la publica, demuestra falta de criterio e incapacidad para comprender qué es importante en la física contemporánea.»
Referencias:
• Blagues mathématiques. Bruno Winckler, Ellipses, 2011.
• Les sautes d’humour d’Albert Einstein. Albert Einstein y Alice Calaprice, Payot, 2016.
• Dossier «Humour mathématique». Tangente 129, 2009.