La ecuación de campo de Einstein
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En su forma más clásica, la ecuación de Einstein adopta la forma siguiente:
Rμ,v−21Rgμ,v+Λgμ,v=c48πGTμ,v.
En ella intervienen R*μ*,*ν, el tensor de Ricci (tensor de orden 2 que codifica la deformación del espacio-tiempo); R, la curvatura escalar (un número que mide la curvatura del espacio-tiempo; es la traza de Rμ*,*ν ); gμ*,*ν, el tensor métrico, es decir, un tensor de orden 2 que permite asignar un producto escalar a cada par de vectores en cada punto del espacio-tiempo (tiene signatura (+, —, —, —), característica de la geometría lorentziana); Tμ*,*ν, el tensor energía-momento, que permite caracterizar la distribución de masa y energía en el espacio-tiempo; Λ, una constante física fundamental (la constante cosmológica*); G, la constante gravitatoria ( G = 6,67430 × 10-11 m3 kg-1 s-2 ± 0,00015 × 10-11 m3 kg-1 s-2 ), y c, la velocidad de la luz en el vacío (c = 299 792 458 m s-1).
El estudio matemático de la ecuación de campo de Einstein es muy arduo. Para empezar, ¿cómo captar su significado? Los tensores son aplicaciones multilineales que asocian un escalar a vectores y covectores de un espacio vectorial. Lo que hay que entender es que la ecuación de campo de Einstein permite conocer el tensor métrico (*gμ*,*ν, indispensable para medir longitudes y ángulos en el espacio-tiempo) dada una distribución de materia y energía (expresada mediante el tensor energía-momento Tμ*,*ν ). La geometría del espacio-tiempo (descrita por gμ*,*ν ) está determinada localmente por su contenido de energía-momento (dado por Tμ*,*ν ); el espacio-tiempo le dice a la materia cómo desplazarse (mediante Rμ*,*ν ); la materia le dice al espacio-tiempo cómo curvarse (mediante* R).