Las ecuaciones de la relatividad general (véase el recuadro) figuran entre las más fundamentales de toda la física moderna. Introducidas en 1915 y 1916 por Albert Einstein (1879-1955), hoy se las denomina más sencillamente ecuación de campo de Einstein, en singular. Esta plantea innumerables y formidables desafíos matemáticos de gran belleza —la conjetura del aro, la estabilidad no lineal de la familia de Kerr, la conjetura BKL…—, entre ellos las célebres conjeturas relativas al fenómeno de la censura cósmica (véase más adelante): ¡la ecuación está lejos de haber revelado todos sus secretos!
Desde el punto de vista matemático, un «espacio-tiempo» es una variedad lorentziana provista de una métrica. El «camino más corto» (para la métrica considerada) entre dos puntos de la variedad se llama geodésica. Por último, la noción de «curvatura» del espacio-tiempo estudiado se codifica y cuantifica mediante un tensor de curvatura (aquí, R*μ*,*ν). Cuanto más «curvo» es el espacio-tiempo, más rápidamente se alejan o se acercan las geodésicas. Por último, si gμ*,*ν(V) > 0, el vector tangente V es de tipo espacial; si gμ*,*ν(V) = 0, es de tipo nulo; y si gμ*,*ν(V) < 0, V es de tipo temporal*.

Semicono de luz dirigido hacia el futuro. El conjunto de posibilidades tras el acontecimiento O se sitúa en este semicono. Las dos coordenadas espaciales x y z se dividen por c para que las líneas de universo de los fotones estén inclinadas 45°. Una línea de universo (recta si la partícula se desplaza a velocidad uniforme, curva en caso contrario) describe la historia de una partícula durante toda su existencia.