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Numerosos programas, desde el cálculo científico hasta los videojuegos, necesitan números para realizar sus tareas. Estos números pueden ser enteros o reales. Pese a la gran potencia de los ordenadores, las aproximaciones son inevitables; acumuladas, pueden resultar perjudiciales e incluso, a veces, catastróficas.

¿Para qué elevar números a una potencia, sino para divertirse descubriendo alguna propiedad aritmética de los números naturales? De manera inesperada, este arte ancestral del cálculo está en el corazón de la criptografía moderna y de la transmisión segura de datos.

Una codificación visual introducida por Gauss para reconocer y manipular más fácilmente los nudos da lugar a sorprendentes desarrollos combinatorios, algebraicos y topológicos. Con papel, lápiz y algunos otros recursos, emprendamos el descubrimiento de este universo.

Los primeros usos de los grupos en criptografía se remontan a las décadas de 1920 y 1930. El caso más conocido es el descifrado de la máquina Enigma. En los años setenta, los grupos permitieron desarrollar nuevos métodos de cifrado, como el método RSA y las curvas elípticas.