Se cuenta que el rey de las Indias Belkib quería agradecer al brahmán Sissa, hijo de Dahir, que le hubiera regalado el juego de ajedrez que acababa de inventar. Los deseos de Sissa parecían muy modestos. «Majestad, dijo, arrodillándose ante el rey, dadme un grano de trigo por la primera casilla de este tablero, dos granos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta. Y así, oh Rey, duplicando el número de una casilla a la siguiente, dadme suficientes granos para cubrir las sesenta y cuatro casillas del tablero.
– No me pedís mucho, oh fiel servidor mío, exclamó el rey, complacido al pensar que su generosidad con el inventor del juego milagroso no mermaría demasiado su tesoro, ¡vuestro deseo será cumplido!» y ordenó que le llevaran un saco de trigo.
Aumentar la potencia -------------------
La operación comenzó: un grano, dos, cuatro, y así sucesivamente. Cuando «llenaban» la decimonovena casilla, el saco quedó vacío. Un segundo saco que llevaron también quedó vacío mientras llenaban la vigésima casilla. Esto causó cierta sorpresa, pero los asistentes comprendieron pronto que harían falta al menos seis sacos para llenar las casillas 21 y 22.
Mandaron llamar al astrónomo real, discípulo del astrónomo y matemático Arhyabata, quien, como todos los brahmanes, era un apasionado de los grandes números y había inventado, además de «el» cero, notaciones que permitían calcular hasta 1018. Tras laboriosos cálculos, el astrónomo anunció al rey que, para cumplir la promesa hecha a Sissa, debía darle 18 446 744 073 709 551 615 granos, ¡más que toda la producción de trigo del reino durante los próximos veintisiete mil años! No se sabe si el rey consideró la petición de Sissa una broma inocente o una ofensa…