Podrá llevárselo a todas partes. En cambio, las cadenas de cálculo se desplegarán sobre un espacio bastante amplio (cuente con un mínimo de 60 cm por 60 cm).
En el interior hay ciento veinte cartas, ¡pero no hay reglas de juego! Hay que consultarlas en el sitio web **www.radical-x.com**. El autor apuesta decididamente por lo digital, con una aplicación para contar los puntos y una calculadora pensada para el juego.
Radical-X se juega a dos jugadores o por equipos. Algunas cartas muestran números en el anverso y una definición textual de ese número en el reverso (como «Número de bolos en el bowling» para «10»). También hay cartas de «operadores», que constituyen el núcleo del juego. Un «operador» permite combinar uno, dos o tres números. Algunas cartas especiales completan el conjunto. Las reglas explican con todo detalle cómo utilizar las cartas, con (afortunadamente) numerosos ejemplos prácticos. En cambio, la preparación y las fases del juego no nos han parecido muy claras en el sitio web. Otro aspecto discutible es que los puntos se cuentan sobre la marcha, en cada turno, en vez de determinarse el ganador al final de la partida.
El juego resulta enseguida bastante interesante, sobre todo desde el punto de vista pedagógico, por la gran riqueza combinatoria que despliega. Los ensamblajes de bloques evocan claramente la programación.
Aunque el juego ofrece numerosas posibilidades y muestra la riqueza de la combinatoria numérica, exige cierto esfuerzo inicial.

Radical X. Éric Juban, Préférence-Jeu, 2019, 19 euros.