Évariste Galois es, sin duda, uno de los matemáticos más célebres de la historia de la ciencia: célebre entre los matemáticos, porque la teoría que lleva su nombre desempeña un papel importante en la investigación contemporánea, pero también, más ampliamente, entre quienes no conocen las matemáticas o no se interesan especialmente por ellas. Varios centros de enseñanza llevan su nombre; ha sido objeto de un mediometraje, de varias biografías —algunas noveladas— e incluso de una novela en 2015 y de un cómic infantil en 2021!
Sin embargo, cuando Évariste Galois murió el 31 de mayo de 1832, estaba muy lejos de ser el matemático prestigioso que es hoy. Había publicado algunos trabajos en las revistas científicas de entonces: los Annales de mathématiques pures et appliquées, dirigidos por Joseph Diez Gergonne, y el Bulletin des sciences mathématiques, astronomiques, physiques et chimiques, coordinado por el barón de Férussac. Pero sus investigaciones más logradas, expuestas en la Mémoire sur les conditions de résolubilité des équations par radicaux, habían recibido un informe tibio de los académicos encargados de evaluarlas y, por ello, no se recomendó su publicación. Además, Galois dejó inacabados, o incluso en estado de borrador, los demás trabajos que pudo realizar posteriormente. ¿Cómo llegó a convertirse, a título póstumo, en este personaje icónico de la historia de las matemáticas?
Que la comunidad matemática reconozca a alguien como un «gran» matemático, cuyos trabajos se consideran especialmente importantes y siguen utilizándose ampliamente, no basta para fabricar un icono. Muchos matemáticos del pasado produjeron resultados esenciales, de los que las matemáticas actuales conservan huella y que seguimos empleando a diario. Sin salir del mismo período histórico que Galois, podemos pensar en Joseph Fourier, a quien debemos las transformadas de Fourier, o en Augustin-Louis Cauchy, que fue, entre otras cosas, uno de los artífices del análisis complejo. Sin embargo, el análisis complejo no se llama «teoría de Cauchy» y Fourier, pese a una trayectoria personal rica por otros motivos —participó en la Expedición de Egipto impulsada por Bonaparte, fue prefecto de Isère bajo el Imperio y más tarde cayó en desgracia debido a sus simpatías napoleónicas—, está muy lejos de ser tan célebre como Galois. ¿Qué tiene, pues, de particular Galois que explique su fama?