Una semana que cambia vidas

Imaginen una sala de examen en la que 260 mujeres jóvenes procedentes de decenas de países se enfrentan simultáneamente a problemas que la mayoría de los adultos ni siquiera sabrían por dónde empezar a resolver. Sin calculadora, sin internet: solo un bolígrafo, una hoja en blanco y un cerebro en ebullición. Eso es exactamente lo que ocurrió en la Universidad de Burdeos los días 12 y 13 de abril de 2026, durante la 15.ª edición de la European Girls' Mathematical Olympiad, más conocida por las siglas EGMO.
Una competición internacional de matemáticas, de acuerdo. Pero la EGMO no es exactamente como las demás. Fundada en 2012, nació de una constatación sencilla y algo incómoda: las grandes olimpiadas matemáticas internacionales, aunque están abiertas a todo el mundo, cuentan con muy pocas chicas entre sus participantes. La EGMO se creó para cambiar las cosas, no rebajando el nivel, sino ofreciendo un espacio en el que las jóvenes matemáticas pueden dar a conocer su talento, conocerse y enfrentarse a problemas de muy alto nivel.

Tres problemas, cuatro horas y todo un mundo

Para entender lo que representa la EGMO, primero hay que comprender qué es un problema de olimpiada. Olviden los ejercicios escolares con un método ya trazado. Aquí, cada problema es un acertijo original, cuidadosamente elaborado por matemáticos de todo el mundo, que puede requerir horas —a veces días— de reflexión. Los campos abordados van desde la teoría de números —las propiedades de los números enteros, los divisores y los números primos— hasta la geometría, pasando por la combinatoria —el arte de contar configuraciones complejas— y el álgebra. No hay receta: hay que encontrar uno mismo el camino.
Cada jornada de prueba propone tres problemas que resolver en cuatro horas y media. Los problemas de la edición de 2026 pueden consultarse en el sitio web oficial egmo.org; y, si disponen de una hora y alma aventurera, el primer problema les dará una buena idea del nivel de exigencia.
«La EGMO no es solo una competición. Es la prueba viva de que las matemáticas no tienen género».

Burdeos como escenario, el mundo entero como público

Para esta 15.ª edición, la ciudad de Burdeos abrió sus puertas. Cerca de 260 participantes llegadas de todo el mundo —mucho más allá de las fronteras europeas, pues la EGMO también acoge delegaciones de Asia, África y América— desembarcaron en la capital de la Gironda para una semana que combina rigor intelectual y descubrimiento humano.
Desde el primer día, el tono quedó marcado: encuentros entre delegaciones, voluntarios atentos a cada detalle y esa atmósfera particular que solo las grandes reuniones científicas internacionales saben crear, una mezcla de emoción, nerviosismo y curiosidad compartida. Mujeres jóvenes que, en sus respectivos países, a menudo tienen la impresión de ser excepciones, descubren de pronto que son cientos las que comparten la misma pasión.

Después de las pruebas, la vida

La EGMO no se reduce a las horas pasadas con la nariz pegada a los exámenes. Los organizadores lo han entendido bien: una vez terminadas las pruebas, llega el turno de un programa de actividades pensado para que las participantes puedan respirar, estrechar lazos y descubrir la región.
En el programa: visita al Bassin des Lumières, ese museo inmersivo instalado en antiguas cubas industriales donde las obras de arte se proyectan sobre superficies de varios miles de metros cuadrados. Paseo en barco por el Garona. Talleres de cerámica, de bricolaje textil, clases de baile o iniciación a la magia. Maneras de recordar que los cerebros que resuelven problemas de geometría euclidiana también saben divertirse.
Dos excursiones dejaron huella. Primer destino: Saint-Émilion, la ciudad medieval encaramada en pleno viñedo bordelés, con sus callejuelas empedradas y su iglesia monolítica excavada directamente en la roca. Segundo destino, y quizá el más espectacular: la Duna de Pilat. Con sus 106 metros de altura y sus tres kilómetros de longitud, es la duna más alta de Europa, un desierto de arena junto al Atlántico, frente al bosque de las Landas. Difícil imaginar un antídoto mejor contra el estrés de las pruebas.

Una ceremonia de clausura, medallas y lágrimas

La semana concluyó con una ceremonia de clausura cargada de emoción. Medallas entregadas, agradecimientos, música y esas miradas intercambiadas entre participantes que saben que han vivido algo excepcional. Para muchas, la EGMO representa mucho más que una línea en el currículum: suele ser el momento en que se confirma una vocación, en que una joven comprende que puede hacer de las matemáticas su profesión.
El evento está impulsado por una asociación cuya misión es explícita: promover las matemáticas y la igualdad de oportunidades. Detrás de esta semana hay meses de preparación, decenas de voluntarios y el apoyo de instituciones, laboratorios de investigación, fundaciones y empresas que han decidido sumarse a esta ambición.

¿Y ahora, Zagreb?

Las delegaciones se despidieron con la promesa de una próxima cita. La 16.ª edición de la EGMO se celebrará en Croacia, del 11 al 17 de abril de 2027. Una nueva ciudad, nuevos problemas, nuevas participantes, pero la misma idea fundacional: las matemáticas son para todo el mundo, y ya es hora de que el mundo lo recuerde.
Mientras tanto, los problemas de Burdeos ya circulan por los foros, los blogs y los grupos de discusión de la comunidad matemática mundial. En algún lugar, una estudiante de bachillerato que no estuvo en Burdeos los descarga, se sienta ante su escritorio y empieza a pensar. Quizá el año que viene esté en Zagreb.

Ideas clave

  • La EGMO existe desde 2012 precisamente porque las grandes competiciones matemáticas internacionales contaban con muy pocas chicas entre sus participantes, no por falta de talento, sino por falta de visibilidad y referentes.
  • Un problema de olimpiada no tiene un método preestablecido: hay que inventar el camino de la A a la Z, con solo un bolígrafo y la cabeza. Eso es lo que hace que el ejercicio sea tan distinto de las matemáticas escolares.
  • La Duna de Pilat, a un paso de Burdeos, es la duna más alta de Europa: 106 metros de arena frente al Atlántico. Las mejores matemáticas de su generación la ascendieron en abril de 2026.
  • La EGMO 2026 reunió a participantes llegadas de mucho más allá de Europa: la olimpiada «europea» se ha convertido en realidad en mundial, con delegaciones de Asia, África y América.
  • La próxima edición se celebra en Croacia en abril de 2027, y los problemas de 2026 ya están disponibles en línea para quien quiera poner a prueba su nivel.