Este talentoso escultor debe su fascinación por las superficies, en particular por las superficies regladas, que lo acompañaría toda su vida, a una visita al Palais de la découverte. Sus esculturas, pobladas de formas aparentemente paradójicas, juegan con la luz y despiertan la curiosidad del espectador. Philippe Charbonneau estaba fascinado por la óptica: sus obras, de múltiples simetrías, están concebidas para verse desde distintos ángulos y con iluminaciones variadas. Reflejos, juegos de sombras, fenómenos de iridiscencia, colores e interacción entre la luz solar y sus esculturas eran los motores de sus creaciones.
Una de sus últimas esculturas, con forma de cilindro retorcido siguiendo una banda de Möbius (véanse nuestras fotos), constituía una proeza técnica e ilustraba a la perfección su enfoque. Disfrutaba viendo cómo los rayos del sol inundaban el espacio de la obra, penetraban en la superficie del plexiglás y jugaban con el material.

Una escultura de la que el artista se sentía especialmente orgulloso.

Referencia:
Matemáticas y artes plásticas. Biblioteca Tangente 23, 2019.