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Onda de choque en el mundo académico -------------------------------------
Desmintiendo los pronósticos de la mayoría de los sondeos, el candidato republicano Donald Trump entrará en la Casa Blanca el próximo 20 de enero. Tangente no tiene vocación de comentar la política. Sin embargo, nuestra revista siempre ha privilegiado la razón frente al fanatismo. Por ello, podemos preocuparnos legítimamente al ver triunfar a un candidato que ha puesto sistemáticamente en la picota a quienes, por su formación y su reflexión, tienen la competencia necesaria para tomar decisiones sensatas. Estas elecciones sacuden al mundo académico al otro lado del Atlántico hasta el punto de que el director de asuntos públicos de la Sociedad Estadounidense de Física declara: «Trump será el primer presidente anticientífico de nuestra historia.» Esperemos que se equivoque.
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Un sistema electoral arcaico: ¡elegido con menos votos! -----------------------------------------------
El sistema de elección del presidente estadounidense no ha cambiado desde finales del siglo XVIII y conserva un arcaísmo que hoy ya no tiene sentido. Cada estado designa un número de delegados en función de su población; el total asciende a 538: cada estado cuenta con tantos delegados como representantes tiene en el Congreso, es decir, dos senadores, sea cual sea su población, y un número de diputados calculado mediante el método de representación proporcional de la media mayor, lo que favorece claramente a los estados poco poblados, mayoritariamente favorables a los republicanos.
Cuando un candidato obtiene la mayoría en un estado, todos los delegados de ese estado quedan en sus manos. Durante la noche electoral, el total de votos obtenidos por cada candidato en el conjunto del país tiene, por tanto, poca importancia: basta con sumar el número de delegados de los estados en los que ha quedado en cabeza. Así, el sistema puede designar a un candidato que ha obtenido menos votos en total que su adversario, como en 2000… y hoy.
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¿Otro error de los sondeos? --------------------------------
Puesto que los sondeos tienen una base matemática, el error observado en estas elecciones debe hacernos reflexionar. El carácter atípico e «impresentable» de Donald Trump llevó sin duda a algunos encuestados a mentir sobre su intención de voto; ya lo vimos en Francia con Jean-Marie Le Pen. Desde hacía meses, todos los institutos anunciaban la victoria de Hillary Clinton… salvo uno: el Los Angeles Times, cuyo método pedía al encuestado que indicara la probabilidad de votar por uno u otro candidato. De este modo, probablemente se tienen mejor en cuenta los cambios de opinión de última hora. Con todo, el pronóstico de este periódico también se alejaba claramente del resultado observado, pero en el sentido contrario.
¿En qué se equivocaron los sondeos? A nivel global —número de votos—, se pronosticaba que Hillary Clinton aventajaría a su rival en 3,2 puntos; solo obtiene 0,5 puntos más. Ciertamente, el resultado queda, aunque por poco, fuera del intervalo de confianza teórico. Atendiendo a los últimos sondeos de cada estado, Clinton obtenía 272 delegados y Trump, 266 (hacen falta 270 para ganar); una diferencia que se había reducido considerablemente en los últimos días.
En 47 estados, el resultado fue el previsto. Lo que engañó a los observadores fue el error cometido en los tres restantes: Wisconsin, Michigan y Pensilvania, que representan en total 46 delegados. En el primero, el error es enorme: Trump gana por un punto cuando los sondeos daban a Clinton una ventaja de 6,5 puntos. En los otros dos, sigue siendo pequeño —unos 2 puntos—, pero basta para decantar el resultado. Trump, pese a obtener menos votos, acaba imponiéndose con 306 delegados frente a 232.
Este tipo de sistema electoral amplifica el riesgo de error en las previsiones, especialmente si, en varios estados, las intenciones de voto están cerca del empate.