Desde hace unos cuarenta años, antes de cada elección, un gran número de sondeos, a veces contradictorios, nos ofrecen cuál sería el resultado de la votación si votáramos ese mismo día. También se realizan otros sondeos, en particular con fines comerciales. Pero ¿hasta qué punto son fiables?
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Un poco de historia -----------------
Se atribuye a George Gallup la paternidad de los sondeos de opinión. Este estadounidense, natural de Iowa, se propuso predecir el vencedor de las elecciones presidenciales estadounidenses de 1936. A partir de una muestra de 50 000 personas, pronosticó la victoria del presidente saliente Franklin Roosevelt con el 56 % de los votos, contradiciendo al Literary Digest, que, basándose en un cuestionario que había recibido dos millones cuatrocientas mil respuestas, anunciaba la victoria del republicano Landon. La aplastante victoria del candidato demócrata con el 61 % de los sufragios mostró por primera vez que una muestra bien seleccionada era más eficaz que otra cuarenta veces mayor, pero con un sesgo evidente: el de las personas que no respondían.
El sociólogo francés Jean Stoetzel conoció a Gallup en 1937 y comprendió el interés de este tipo de encuestas para entender mejor el comportamiento de los individuos. A su regreso fundó el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) y enseguida sondeó a los franceses con la pregunta ¿Aprueba los Acuerdos de Múnich? Solo el 57 % de los encuestados respondió afirmativamente, mientras que esta cuestión obtuvo una mayoría del 87 % en la Cámara de Diputados. El IFOP adquirió gran notoriedad durante las elecciones presidenciales de 1965 al predecir que el general de Gaulle tendría que disputar una segunda vuelta frente a François Mitterrand.