La joven matemática austriaca Anna Kiesenhofer, de 30 años, realiza actualmente un posdoctorado en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza). Trabaja en la teoría KAM (por «Kolmogórov, Arnold, Moser», los tres matemáticos que la crearon), en la frontera entre las ecuaciones en derivadas parciales y los sistemas dinámicos. También le interesa… el atletismo. Aficionada al duatlón (prueba de carrera a pie y ciclismo) y al triatlón (duatlón al que se añade la natación), tuvo que dejar de correr a causa de una lesión. Entonces se reconvirtió al ciclismo en 2014, primero como amateur, sin entrenador ni contrato profesional. Pese a sus éxitos deportivos, afrontó los Juegos Olímpicos de Tokio con un equipo no profesional, en la prueba femenina de ciclismo en ruta (137 km), tras haber gestionado sola durante dieciocho meses su programa, su preparación física, su alimentación y su equipamiento: «¡No soy una ciclista de las que se limitan a dar pedales!», bromea.
«Lo he sacrificado todo por este día [el pasado 25 de julio], para estar entre las veinticinco primeras. ¡Ganar es increíble!» La victoria es aún más hermosa si se tiene en cuenta que las cinco estrellas de la disciplina tomaron la salida y que Anna Kiesenhofer llegó con más de dos minutos de ventaja sobre su rival más cercana.

Anna Kiesenhofer ganó el oro olímpico en ciclismo en ruta.