**El arqueólogo se esfuerza** especialmente por situar los hechos materiales del pasado en un marco cronológico. Cualquier objeto —muro, mosaico, cerámica, moneda, foso, templo, casa o inscripción— debe someterse obligatoriamente a una crítica interna destinada a determinar qué es, mediante la descripción de características físicas y morfológicas inmediatamente observables, con la esperanza de que estas guarden una relación determinada con el tiempo. Además, es indispensable recopilar toda la información relativa a su entorno: localización, contexto de deposición, asociación con otros objetos. Reunidas estas condiciones, no cabe excluir que una construcción cronológica pueda aspirar temporalmente a cierta validez, a la espera de datos complementarios.
Cronologías «relativa» y «absoluta»
=============================================================================================================================================
Por impropias que sean, las expresiones cronología relativa y cronología absoluta designan, no obstante, dos maneras igualmente válidas de referirse al tiempo. La primera resulta, por así decirlo, natural para los arqueólogos, en particular para quienes disponen de pocas fuentes escritas o carecen de ellas —como los prehistoriadores y protohistoriadores—. En este sentido, objetos emparentados, como cerámicas o niveles arqueológicos, se ordenan de forma que queden patentes las relaciones de anterioridad, posterioridad o simultaneidad que mantienen entre sí. En este sentido se dice que esta cronología es «relativa». Tres métodos contrastados permiten establecer este tipo de relación: la seriación, la estratigrafía y el análisis espacial.
La cronología «absoluta» es un enfoque cuyo objetivo consiste en situar los hechos materiales en el tiempo cuantificado del calendario. Para los escolares, es el tiempo del friso cronológico dispuesto en las paredes del aula: un tiempo lineal y calculable. Algunos escasos objetos arqueológicos, como las monedas o las inscripciones lapidarias, permiten una lectura que da acceso relativamente fácil a una fecha o, más bien, a un intervalo de dataciones posibles. Sin embargo, los métodos que recurren a mediciones físicas de laboratorio, obtenidas indistintamente mediante radiocarbono, arqueomagnetismo o termoluminiscencia, son los que más inmediatamente se asocian a la cronología absoluta en la vida cotidiana.
La estadística bayesiana (véanse las páginas anteriores) aparece como un recurso que puede contribuir a conciliar ambos enfoques. A diferencia de la estadística frecuentista clásica, permite incorporar fácilmente, además de las mediciones de datación, la información asociada al contexto de los acontecimientos. Esta información, como las relaciones de orden temporal deducidas de la posición de un acontecimiento respecto de otro, se integra a través de la distribución a priori del modelo bayesiano. Esta técnica resulta especialmente valiosa cuando la cultura material de las civilizaciones estudiadas carece por completo de artefactos que permitan datar. Ante esta carencia, sería tentador buscar analogías con civilizaciones vecinas cuya cronología estuviera mejor establecida, al disponer de fuentes más completas, o remitirse lisa y llanamente a una tradición de datación. En ambos casos, las propuestas cronológicas se apoyarían en bases frágiles y alejadas del contexto efectivo del hallazgo.