Antes de llamarse «complejos», recibieron muchos otros nombres. En su Algebra, Bombelli introduce, además de los signos habituales + y –, dos nuevos «operadores», piu di meno y meno di meno, para evitar √–1 y –√–1.
¡Cada cual acuñó sus propios neologismos! Albert Girard, por su parte, en Invention nouvelle en algèbre (1629), habla, a propósito de la ecuación x4 = 4x + 3, de «soluciones envueltas» para referirse a estos números que nada tienen de reales y que Cardano califica de «más sofisticados que reales». Otros los tildan de «inexplicables» o «imposibles». Descartes los bautiza «imaginarios» en 1637, pero Leibniz desconfía de esos «monstruos del mundo de las ideas» que, para él, siguen sin tener realidad alguna.