


Los números complejos, calificados en un primer momento de «imaginarios», no se concibieron tal como los estudiamos hoy. Se introdujeron ante todo como herramientas para resolver ecuaciones polinómicas… y desafíos matemáticos que estaban en boga en la Europa del Renacimiento.




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Hasta finales del siglo XVIII, el álgebra se reducía a resolver ecuaciones algebraicas. Esta etapa del álgebra se cerró con los trabajos de Abel y Galois. Antes de ellos, ¿qué cuestiones les interesaban? ¿Qué problemas podían esperar resolver?

Las identidades notables estudiadas en la ESO (y ahora al comienzo del bachillerato…) pueden resultar muy útiles para hallar las soluciones de ciertas ecuaciones, entre ellas las de segundo grado. ¡Todo consiste en saber dónde se esconden esas misteriosas identidades!

Tras sus trabajos sobre la resolución de ecuaciones de cuarto grado, Lagrange se planteó la cuestión para el quinto grado. Hubo que esperar a Abel para saber que estas ecuaciones no son resolubles por radicales. Galois dará una condición necesaria y suficiente para que lo sea una ecuación de grado cualquiera. Con ello, funda la teoría de grupos.

La aritmética y la geometría, las dos ramas tradicionales de las matemáticas elementales, convergen en los nomogramas. Pero ¿qué designa este término, que se adivina construido a partir del griego? ¿Para qué sirven y cómo se diseñan?
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