La resolución de ecuaciones algebraicas siempre ha interesado a los matemáticos. Las técnicas para resolver las de grado 2 se conocían, al menos en numerosos casos particulares, ya en la Antigüedad, entre los babilonios o los egipcios, por ejemplo. En el caso de las ecuaciones de grado 3, tras los intentos de los matemáticos árabes de resolverlas geométricamente o de forma aproximada, hubo que esperar al 16
.º siglo y a los algebristas italianos, como Scipione del Ferro (1465
–1526), Niccolo Fontana, llamado Tartaglia (1499
–1557), y Girolamo Cardano (1501
–1576), para disponer de un método de resolución. Las de cuarto grado siguieron poco después, y fue el italiano Lodovico Ferrari (1522
–1565), alumno de Cardano, quien propuso, en la década de 1540, un método que permite reducir el problema a una ecuación de grado 3. Dos siglos más tarde, en 1770, Lagrange propuso otro método (véase el artículo «
Primer paso hacia el concepto de grupo ») en el que puso de manifiesto el papel de las permutaciones mediante la definición de cantidades auxiliares, hoy llamadas
resolventes de Lagrange. La ecuación construida así es de grado 3 y, por tanto,
resoluble por radicales (es decir, utilizando únicamente las cuatro operaciones +, ?, ×, / y la extracción de raíces enésimas), lo que permite calcular después las soluciones de la ecuación inicial.