En 2004, el matemático británico Ian Stewart publica en Nature un artículo titulado «Cuantificar al gato clásico». En él presenta sucesivamente el movimiento de un gato que intenta caer de pie y la molécula de dióxido de carbono, el famoso CO2. ¿Qué relación hay entre estas dos imágenes? La respuesta se oculta en la apasionante historia de la ciencia del movimiento y enfrenta dos grandes revoluciones científicas.
Oh, tiempo, suspende tu vuelo
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Hay una revolución científica de la que se habla poco, pero sin la cual no concebiríamos nuestra vida actual: la de la medición precisa del paso del tiempo. En la Antigüedad, los maestros de la geometría y del álgebra apenas se preocupaban por medir el tiempo con mayor precisión que la que proporcionaban un reloj de sol o una clepsidra. ¡Estas rudimentarias herramientas no mejoraron de forma significativa hasta el 17.º siglo! ¿Cómo podríamos vivir hoy en la imprecisión temporal de nuestros antepasados? Nunca llegaríamos «a tiempo» a la escuela y, además, adiós a nuestras herramientas modernas, incapaces de funcionar sin el reloj de su microprocesador.