La competencia matemática, como muestran los artículos del número especial 73 de Tangente (actualmente a la venta en los quioscos), es necesaria para buena parte de los empleos de los próximos años. Para los demás, también es indispensable otro aspecto de la formación matemática: la capacidad de razonar, aunque no se exijan conocimientos especializados. Por tanto, era necesario replantear el lugar de las matemáticas en la ESO y el bachillerato, con un doble objetivo:
\- aumentar la sensibilidad matemática de la mayoría de los alumnos y su capacidad de razonamiento científico, sin exigir para ello conocimientos amplios;
\- permitir que una proporción creciente de jóvenes prosiga estudios científicos que requieran conocimientos matemáticos más avanzados, necesarios en los cursos preparatorios, en las escuelas de ingeniería o en las vías universitarias.
La última reforma del bachillerato tenía, por tanto, una gran utilidad. Por desgracia, el resultado es lamentable y totalmente ajeno a la realidad, pues se tomaron decisiones dramáticas:
\- permitir que una gran parte de los alumnos abandone las matemáticas ya en el primer curso de bachillerato;
\- permitir que alumnos que han elegido cursar estudios científicos no puedan cursar la especialidad de matemáticas;
\- desanimar a quienes han elegido la especialidad de matemáticas al crear una enorme discontinuidad entre los insuficientes conocimientos exigidos en los cursos anteriores y unos contenidos de especialidad cuyo nivel queda muy pronto fuera de su alcance.