De 1994 a 2019, la vía general del bachillerato francés se organizaba, a partir del penúltimo curso, en tres modalidades diferenciadas: S (científica), ES (económica y social) y L (literaria). Cada una tenía su itinerario específico y sus especialidades. El gráfico siguiente muestra las horas de enseñanza de matemáticas que recibían los alumnos en los dos últimos cursos en función de la modalidad elegida.
Desde 1994, la proporción de alumnos de la modalidad S, percibida más bien como generalista, aumenta regularmente. En 2019, el 52 % de los alumnos del último curso de los bachilleratos generales seguía la enseñanza de la modalidad S (seis horas de matemáticas semanales); una cuarta parte de ellos cursaba además la especialidad de matemáticas y recibía, por tanto, ocho horas semanales de esta materia.
La especialidad de matemáticas (5,5 h semanales) la cursaba aproximadamente el 50 % de los alumnos de ES, que, de no hacerlo, tenían cuatro horas semanales de matemáticas, al igual que el 10 % de los alumnos de L. En definitiva, el último año antes de la reforma, aproximadamente el 87 % de los alumnos seguía estudiando matemáticas hasta el último curso.
La desaparición programada de las matemáticas de la enseñanza ---------------------------------------------------------------
A partir del curso 2019, una reforma reestructura por completo las ramas generales y tecnológicas del bachillerato francés. Se aplicó a petición del ministro de Educación Nacional, Jean-Michel Blanquer, tras el proyecto de Pierre Mathiot. Responde al proyecto del presidente de la República, Emmanuel Macron.
En lo que se denomina el ciclo final de la vía general, formado por los dos últimos cursos, la reforma suprime la noción de «modalidad» e incluso la de «grupo-clase». Pone fin a un sistema que databa de los años sesenta, estable y consolidado con el tiempo.
Desde 2019, las matemáticas han desaparecido del tronco común y han pasado a tener un carácter totalmente optativo. En los dos últimos cursos solo es obligatoria una enseñanza generalista de ciencias de dos horas semanales que incluye biología, física y química, así como algunas nociones de matemáticas vinculadas con esas disciplinas.
De las trece especialidades (4 h semanales) disponibles en el penúltimo curso —cada alumno debe cursar tres—, solo una está dedicada a las matemáticas. Por tanto, todos quienes la eligen reciben una única oferta, sea cual sea su perfil escolar, su proyecto de estudios posteriores o su inclinación por la materia.
En el último curso, los alumnos solo conservan dos de sus especialidades en su itinerario estándar, cuya carga horaria pasa a seis horas semanales. Además, se ofrecen tres opciones de tres horas semanales con un régimen específico: su calificación final se incorpora al cálculo de la nota media del bac; dos de ellas se refieren a las matemáticas.
Están reservadas a los alumnos que cursaron la especialidad de matemáticas en el penúltimo curso y son optativas:
• La opción de matemáticas avanzadas (ME), imprescindible para las clases preparatorias científicas (por ejemplo, los números complejos solo se abordan aquí), solo está accesible para los alumnos que mantienen la especialidad de matemáticas en el último curso,
• La opción de matemáticas complementarias (MC), más orientada a una enseñanza por temas, solo está accesible para los alumnos que abandonan la especialidad de matemáticas en el último curso.
Estas opciones no se ofrecen necesariamente en todos los centros.
Un rápido cálculo realizado a partir de los datos de la Dirección de Evaluación, Prospectiva y Rendimiento (DEPP) del Ministerio de Educación Nacional muestra la distribución de los alumnos del último curso en 2019 y 2021 según el número de horas semanales de matemáticas que se les ofrecían, de cero a nueve.
Si en 2019 aproximadamente el 87 % de los alumnos seguía una enseñanza de matemáticas en los dos últimos cursos, tras la reforma solo lo hace el 64 % en el penúltimo curso, y la tasa cae al 37,5 % tras abandonar la especialidad de matemáticas (o al 55 % si se tiene en cuenta la opción MC).
Un fuerte impacto en la escolarización de las chicas -------------------------------------------------
En el bachillerato general, las chicas están más representadas (el 56 % del total) que los chicos y obtienen mejores resultados: su tasa de éxito en el bac, cualquiera que sea la modalidad, supera entre 2 y 3 puntos la de los chicos.
Su distribución por modalidades es desigual: en 2019, durante el ciclo final, estaban infrarrepresentadas en S (47,5 %), ligeramente sobrerrepresentadas en ES (60,7 %) y muy sobrerrepresentadas en L (79 %).
Por múltiples razones, el número de chicas en la modalidad S aumentó regularmente durante el periodo 1994-2019.
El último año antes de la reforma, aproximadamente el 83 % de las chicas del penúltimo curso seguía una enseñanza de matemáticas (el 82 % en el último curso).
Tras la reforma, la única enseñanza de matemáticas disponible ofrece una formación adaptada a los perfiles científicos de la antigua modalidad S. Por ello, resulta difícilmente accesible para los alumnos con perfiles menos definidos o orientados a las ciencias económicas y sociales, la antigua ES. Ahora bien, estos perfiles son mayoritariamente femeninos. Dejar de cursar matemáticas por falta de una oferta adaptada provoca, por tanto, un descenso de la proporción de chicas en matemáticas.
En 2021, solo el 55 % de las chicas eligió la especialidad de matemáticas en el penúltimo curso; la tasa de chicas que sigue una enseñanza de matemáticas baja al 45 % en el último curso. Compárese con el 82 % anterior a la reforma…
Un accidente industrial de gran magnitud --------------------------------------------
El sistema implantado actualmente plantea interrogantes para el futuro: ¿qué autonomía tendrán estos futuros adultos sin una formación matemática de nivel de bachillerato? ¿Qué confianza cabe tener en la transmisión de las matemáticas por parte de los futuros maestros de primaria? ¿Qué cantera científica preparará la sociedad de mañana? ¿Qué lugar ocuparán las chicas? ¿Y qué hay del ascenso social hacia profesiones científicas muy valoradas, surgidas de las ramas de matemáticas o informática (STIM)?
Sería urgente reconsiderar unas estructuras que acarrean tales consecuencias para la formación de los jóvenes y que responden en gran medida a motivos de ahorro en los costes de formación. Es de temer que este recorte a corto plazo termine resultando mucho más costoso para la sociedad de aquí a la próxima década.
Ningún tratamiento superficial del problema podrá aportar una solución verdadera. Solo la rápida creación de grupos de trabajo que impliquen a profesionales competentes que trabajan sobre el terreno y comprometidos con una reflexión profunda para refundar el bachillerato permitiría corregir, ya desde el comienzo del curso 2023, lo que se asemeja a un accidente industrial de gran magnitud.